sábado, 21 de diciembre de 2013
martes, 30 de agosto de 2011
Empresa Sustentable (ejemplo de declaración de principios)
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| www.dinova.cl |
El
gran propósito de Librería Dinova consiste en ser reconocida como una
empresa sustentable, en el sentido riguroso del concepto Sustentabilidad
Azul.
Entender
la sustentabilidad en su acepción “azul” hace referencia a una idea de
globalidad, de índole planetaria, que va mucho más allá de aquella
simple estrategia de márquetin que pretende “pintar todo de verde”.
Esto implica concebir la “sustentabilidad” en el triple contexto
sociedad-economía-ecosistema, de manera simultánea y no aislada:
1.- El compromiso que la empresa tiene por el desarrollo del bienestar social.
La
economía al servicio de las personas, y no personas esclavas de la
economía. Así pues, parte de las utilidades de la empresa son destinadas
a actividades culturales que fomentan la lectura y la escritura en los
jóvenes; como por ejemplo, cafés literarios, presentaciones de nuevos
libros, concursos de poesía. En general, Librería Dinova, promueve el
mecenazgo.
2.- Los recursos financieros son administrados de manera ética.
Estamos
en contra de las actividades dolosas en la gestión del dinero.
Consecuentemente, no practicamos la usura, ni el “lavado de activos”, ni
la evasión de impuestos, ni mucho menos el soborno; y además nuestros
estados financieros pueden ser monitoreados en cualquier momento por
cualquier organismo fiscalizador. La transparencia es el pilar para un
buen desarrollo de cualquier modelo económico.
3.- Ser consciente del impacto ambiental que resulta del funcionamiento de la empresa.
Miles
de científicos alrededor del mundo lo declaran de manera categórica: el
daño que el metabolismo urbano provocó en el Planeta, tardará miles de
años en revertirse a un natural equilibrio ecológico. Por lo mismo,
Librería Dinova se preocupa de no alterar el ya malogrado equilibrio de
la naturaleza, a través de hechos concretos tales como: evitar a toda
costa el uso de combustibles fósiles; gestión de los residuos por medio
del método 3R (reducir, reutilizar, reciclar), divulgación de la
conciencia ecológica, etc.
(Para mayor información acerca de la Sustentabilidad Azul, visita www.prossus.blogspot.com )
viernes, 24 de septiembre de 2010
Igualdad de la Libertad (John Rawls)
John
Rawls – Teoría de la Justicia (parágrafos 31 al 40).
En esta monografía, se
comenzará con la formulación de una secuencia de cuatro etapas que clarifica
cómo se aplicarán los principios para las instituciones. Luego, se describirán
brevemente dos partes de la estructura básica, definiéndose el concepto de libertad.
A continuación de esto, se enuncian tres problemas de la igualdad de la
libertad: igual libertad de conciencia, justicia política e iguales derechos
políticos, igualdad de la libertad de la persona y su relación con el Estado de
Derecho. Finalmente, se dará el significado de la prioridad de la libertad,
concluyendo con un breve análisis de la interpretación kantiana de la posición
original.
La Secuencia de Cuatro Etapas.
Hay que tener presente que
estas cuatro etapas son un recurso para aplicar los principios de justicia. Es
una parte de la teoría de la justicia como imparcialidad y no una
explicación de “cómo” funcionan los congresos constituyentes y las
legislaturas. Son una serie de puntos de vista desde los que han de resolverse
los diferentes problemas de justicia, y cada punto de vista hereda las
restricciones adoptadas en la etapa precedente.
En cuanto a los
antecedentes de estas cuatro etapas, mencionaremos los tres tipos de juicios
del ciudadano:
- Juzgar la justicia de la legislación y de las políticas sociales.
- Decidir que disposiciones constitucionales son válidas para
reconciliar las opiniones contrapuestas respecto a la justicia.
- Tener que ser capaz de determinar las bases y los límites del
deber y la obligación en lo político.
Luego, hace falta replantear la tesis de la posición
inicial y cuestionarse acerca del principio de diferencia. Así, son
dos los problemas que surgen a partir de lo anterior:
- Una constitución justa será un procedimiento justo dispuesto de
manera que asegure un resultado justo.
- Seleccionar entre las disposiciones procesales que sean tanto
justas como practicables, aquellas que tengan mayores probabilidades de
conducir a un orden jurídico justo y efectivo.
Finalmente, las cuatro etapas se estructuran de la
siguiente manera:
1. Primera parte de la
estructura básica.
1.1. Primer principio de la igualdad
de la libertad. Es el primer paso para el congreso constituyente; las
libertades fundamentales de la persona (y las libertades de conciencia y
pensamiento) están protegidas, y el proceso político (como un todo) debe ser un
proceso justo.
1.2. Segundo principio. Este paso
prescribe que las políticas sociales y económicas tengan como objetivo la
maximización de las expectativas a largo plazo (de los menos aventajados) en
las condiciones de una igualdad equitativa de oportunidades, en la cual se
mantengan las mismas libertades para todos.
2. Segunda parte de la
estructura básica.
2.1. Esta etapa contiene las
distinciones y jerarquías de las formas políticas, económicas y sociales que
son necesarias para una cooperación social mutualmente benéfica y eficaz. Hay
una prioridad del congreso constituyente frente a la etapa legislativa.
2.2. Esta etapa es la aplicación
de las reglas a casos particulares (hecha por los jueces y administradores) y
la obediencia de las reglas por los ciudadanos en general. Acá podría aparecer
un tercer problema, relacionado con la teoría de la obediencia parcial; la
desobediencia civil y los objetores de conciencia.
El Concepto de Libertad.
Cualquier libertad puede ser explicada con
referencia a tres cosas:
- Los agentes que son libres.
- Las restricciones o límites de los que están libres.
- Aquellos que tienen libertad de hacer o no hacer.
Las libertades básicas
habrán de ser evaluadas como un todo; como un sistema único. El mejor sistema
de libertades depende de la totalidad de limitaciones a que se le sujete.
La libertad está
representada mediante el sistema completo de las libertades de la igualdad
ciudadana; el valor de la libertad para las personas y los grupos
depende de su capacidad para promover sus fines dentro del marco definido por
el sistema.
Igual Libertad de Conciencia.
Las personas en la posición
original no han de verse a sí mismas como individuos particulares aislados;
sino que suponen tener intereses que necesitan proteger lo mejor posible y que
tienen vínculos con determinados miembros de la próxima generación (quienes
también harán demandas parecidas). Una vez que las partes consideran estas
cuestiones, la defensa de los principios de la justicia se verá muy
fortalecida.
Tomando a la libertad de
conciencia como ejemplo, la justicia como imparcialidad proporciona fuertes
argumentos en pro de la igualdad de la libertad.
La Tolerancia y el Interés Común.
El Estado no puede favorecer
ninguna religión en particular, ni se pueden establecer castigos o pérdidas de
derechos para quien se afilie o no a una determinada religión.
La libertad de conciencia
está limitada por el interés común en el orden y la seguridad públicos. El
deber del Estado se limita a garantizar las condiciones de igualdad de la
libertad religiosa y moral.
La tolerancia no se deriva
de necesidades prácticas o de razones de Estado. La libertad religiosa y moral
se deriva del principio de igualdad de la libertad. La limitación de la
libertad se justifica sólo cuando es necesaria para la libertad misma, para
prevenir una invasión de la libertad que sería aún peor.
La Tolerancia de los Intolerantes.
El derecho de una persona a quejarse está limitado
a las violaciones de principios que ella misma reconoce. Una queja es una
protesta dirigida de buena fe a otro; proclama la violación de una principio
que ambos individuos aceptan. No obstante, un intolerante dirá que actúa de
buena fe y que no pide nada para sí mismo que niegue a los demás. El problema
es que si ser intolerante con otro es base suficiente para limitar la libertad
de alguien; también lo es si el tolerante tiene derecho a frenar al intolerante
cuando no existe peligro inminente para las libertades de los demás.
El problema de tolerar al
intolerante está directamente unido al de la estabilidad de una sociedad bien
ordenada, regulada por los Dos Principios de la Justicia. Así, incluso
si una secta intolerante aparece (suponiendo que no tenga tanta fuerza inicial
que pueda imponer su voluntad directamente, o no crezca tan rápidamente de modo
que la persuasión no tenga tiempo de actuar) tenderá a perder su intolerancia y
a aceptar la libertad de conciencia. Esta es la consecuencia de la estabilidad
de las instituciones justas, ya que la estabilidad significa que, cuando hay
cierta tendencia a la injusticia, otras fuerzas aparecen y entran en juego para
conservar la justicia de toda la organización.
En definitiva, mientras una
secta intolerante no tiene derecho a quejarse de la intolerancia, su libertad
únicamente puede ser restringida cuando el intolerante cree (sinceramente y con
razón) que su propia seguridad y la de las instituciones de libertad están en
peligro.
El argumento de lo ya
explicado hasta ahora, sugiere que la adopción del principio de igual
libertad puede ser considerada como un caso límite. Así, se puede suponer
que las personas en la posición original saben que tienen convicciones
morales a pesar de no saber cuáles son (debido al velo de la ignorancia).
Lo importante es que, cuando las personas (con diferentes convicciones) hacen
exigencias conflictivas a la estructura básica como asunto de origen político,
juzguen estas reclamaciones mediante los principios de justicia.
La Justicia Política y la Constitución.
La justicia política tiene dos aspectos:
- La constitución ha de ser un procedimiento justo, que satisfaga
los requerimientos de la libertad-igual.
- Ha de ser estructurada de manera que todos los acuerdos factibles
se conviertan en sistemas de legislación justos y eficaces.
La justicia de la constitución ha de ser fijada
desde dos perspectivas:
- A la luz de lo que las circunstancias permitan.
- Estableciendo estas delimitaciones desde el punto de vista de la
convención constitucional.
Para lo anterior, existe el
llamado principio de participación. Este principio exige que todos los
ciudadanos tengan un mismo derecho a tomar parte y a determinar el resultado
del proceso constitucional que establecen las leyes que ellos han de obedecer.
El principio de
participación se aplica a las instituciones. Este principio no define un ideal
de ciudadanía, ni tampoco impone un deber que exija a todos tomar parte activa
en los sucesos políticos. Lo importante es que la constitución establezca los
mismos derechos para participar en las cuestiones públicas y se tomen medidas
para mantener el valor de estas libertades. En un Estado bien gobernado, sólo
un pequeño número de personas puede dedicar la mayor parte de su tiempo a la
política; no obstante, esta fracción deberá extraerse igualmente de todos los
sectores de la sociedad.
Así, las desigualdades en el
sistema socioeconómico pueden minar cualquier igualdad política que hubiese
existido en condiciones históricas más favorables.
Finalmente, una constitución
justa establece una forma de competencia leal por el poder y la autoridad
política. El principio de participación obliga a aquellos que ostentan la
autoridad a responder a los intereses del electorado. Los principios de la
justicia están entre los criterios fundamentales que se usan para juzgar los
servicios de una persona representativa, y las razones que alega en su defensa.
Ya que la constitución es el fundamento de la estructura social (es el sistema
supremo de normas que regula y controla otras instituciones) todos tienen el
mismo acceso al proceso político que establece. Cuando el principio de
participación se cumple, todos tienen el mismo estatus de ciudadano-igual.
Limitaciones al Principio de Participación.
La “extensión” del principio
de participación se entiende como el “grado” en que se restringe el
procedimiento de gobierno de la mayoría por los mecanismos del
constitucionalismo. El problema es ver cómo estos mecanismos pueden concordar
con los Dos Principios de la Justicia.
A veces se objeta la regla
de las mayorías: ya que no toman en cuenta la intensidad de los deseos de la
minoría (o que esta mayoría pase por alto los deseos de dicha minoría). El criterio
fundamental para juzgar cualquier procedimiento es la justicia de sus
resultados. Una desigualdad de la estructura básica debe justificarse
siempre ante aquellos que ocupan una posición desventajosa.
A pesar de que todos
deberían tener voto, los de mayor capacidad de gestión de los intereses
públicos deberían tener una mayor oportunidad de expresar sus opiniones: Su
misma influencia debiera bastar para protegerlos de una legislación clasista
para su propio beneficio.
La libertad política-igual
ha de tener una profunda influencia sobre la calidad moral de la vida civil.
Las relaciones entre los ciudadanos proporcionan una base segura para la
constitución de la sociedad. La libertad política, como fin público, no ha de
ser proyectada para satisfacer el deseo individual de autodominio ni de poder
(ni tampoco a la ambición de mandar a otros).
La voluntad general de
consultar y tener en cuenta los intereses y creencias de los demás echa las
bases para una “amistad cívica” y perfila el ethos de la cultura política.
La libertad política no es solamente un propósito; refuerzan el sentido del
propio valor en el ser-humano y amplían sus sensibilidades intelectuales y
morales. Además, establecen las bases de un sentido del deber y de la
obligación para las personas (quienes dependen de la estabilidad de las
instituciones justas).
El Imperio de la Ley.
La administración de la ley
regular e imparcial (y en este sentido justa) debe llamarse “justicia como
regularidad” (pues ésta es una frase más sugestiva que “justicia formal”).
El Imperio de la Ley está
directamente unido a la libertad. Pues, un sistema jurídico es un orden
coercitivo de normas públicas dirigidas a personas racionales con el propósito
de regular su conducta y asegurar el marco para la cooperación social. El deber
implica poder, y este precepto identifica algunos rasgos obvios de los sistemas jurídicos:
a.
Las acciones que las normas legales exigen y prohíben
han de ser de tal clase que puede esperarse razonablemente que las personas las
cumplan y eviten (respectivamente). Un sistema de normas dirigido a personas
racionales para organizar su conducta, enfoca lo que pueden y lo que no pueden
hacer, eso sí, de una manera no impositiva.
b.
Aquellos que promulgan las leyes y dan órdenes, lo
hacen de buena fe; deben creer que pueden ser obedecidas y cumplidas. Esto
sucede si existe la creencia general de que es así.
El Imperio de la Ley implica
también el precepto de que “casos similares han de tratarse de modo similar”,
de modo que las personas no pueden regular sus acciones por medio de normas si
no se sigue este precepto.
El precepto nullum crimen
sine lege exige que las leyes sean conocidas y expresamente promulgadas;
que su significado sea claramente expuesto, que las leyes sean generales (tanto
en su declaración como en su disposición y no sean usadas para dañar a
individuos particulares expresamente señalados), que al menos las faltas más
graves sean estrictamente interpretadas, y que las leyes penales no sean
retroactivas en perjuicio de aquellos a quienes se apliquen. Los jueces deben
ser independientes e imparciales, y nadie puede juzgar su propio caso. Los
juicios deben ser justos y abiertos y no han de ser prejuiciados por el clamor
público. Los preceptos de la justicia natural han de asegurar que el
orden legal sea mantenido de modo regular e imparcial.
El principio de legalidad
tiene una base firme en el acuerdo de las personas racionales para establecer
por sí mismas la máxima libertad-igual. La sospecha de que otros no están
cumpliendo con sus deberes y obligaciones se incrementa por el hecho de que, en
ausencia de la interpretación autoritaria y del cumplimiento de las leyes, es
particularmente fácil encontrar excusas para contravenirlas. Por esta razón se
supone que un soberano coercitivo es siempre necesario, aunque en una sociedad
bien ordenada las sanciones no sean severas y acaso no necesiten imponerse. El
establecimiento de un sistema coercitivo sólo es racional si estas desventajas
son menores que la pérdida de libertad causada por la inestabilidad. Es claro
que los peligros de la libertad son menores cuando la ley es administrada
imparcial y regularmente de acuerdo con el principio de legalidad. Los
principios que justifican las sanciones pueden derivarse del principio de
libertad. La concepción ideal muestra en este caso cómo ha de construirse
el esquema no ideal (y esto confirma la conjetura de que lo fundamental es la
teoría ideal).
En síntesis, el principio de
legalidad es simplemente la consecuencia de considerar un sistema jurídico como
un orden de normas públicas dirigidas a personas racionales para regular su
cooperación, y para dar valor apropiado a la libertad. Los dilemas morales que
surgen en la teoría de la obediencia parcial, deben verse teniendo en mente la
prioridad de la libertad. Finalmente, los argumentos para restringir la
libertad se derivan del principio de libertad en sí mismo. La prioridad de
la libertad influye sobre la teoría de la obediencia parcial.
Cualquier injusticia en el orden social está obligada a pagar su precio; es
imposible que sus consecuencias puedan ser completamente suprimidas. Al aplicar
el principio de legalidad debemos tener en cuenta la totalidad de derechos y
obligaciones que definen las libertades y ajustar sus demandas adecuadamente,
pues algunas veces estamos forzados a admitir ciertas violaciones de sus
preceptos (si hemos de mitigar la pérdida de libertad ante males sociales que
no pueden evitarse) y a aspirar la menor injusticia posible que las condiciones
permitan.
Consideraciones sobre la Propiedad de la Libertad.
La libertad de conciencia y
la libertad de pensamiento no deberían fundarse en un escepticismo filosófico o
ético, ni en la indiferencia a los intereses religiosos y morales. Los
principios de la justicia definen, por un lado, un camino apropiado entre el
dogmatismo y la intolerancia y, por otro, un reduccionismo que considera la
religión y la moralidad como simples preferencias.
La Propiedad de la
Libertad es la prioridad del principio de libertad-igual sobre el segundo
principio de la justicia. Ambos principios están en un orden lexicográfico
y, por tanto, las demandas de libertad han de ser satisfechas en primer lugar.
La libertad solamente puede ser restringida en favor de la libertad en sí
misma; son dos los casos:
a. Las libertades básicas
pueden ser menos extensas, aunque aún iguales. El ciudadano representativo lo
considerará como un beneficio de su libertad en equilibrio.
b. Pueden ser desiguales. La
libertad de aquellos que posean menor libertad ha de quedar mejor asegurada.
Y las circunstancias que justifican o excusan una
restricción de la libertad, se darían así:
a. Una restricción puede
derivarse de las limitaciones y accidentes naturales de la vida humana (o de
contingencias históricas y sociales).
b. Cuando la injusticia ya
existe, tanto en las disposiciones sociales como en la conducta de los
individuos. El problema es hallar el modo adecuado de responder a la
injusticia; aunque, la manera en cómo la justicia nos exige que tratemos a la
injusticia, es un problema muy diferente del de cómo combatir las inevitables
limitaciones y contingencias de la vida humana.
El orden lexicográfico de
los principios especifica qué elementos ideales (de la posición original) son
más urgentes, y las normas de prioridad que este orden sugiere han de ser
aplicadas a casos prácticos; la del ideal se deja en su mayor parte a la
intuición (pero nuestro juicio, al ya mencionado orden lexicográfico).
También es importante el
concepto de paternalismo. Los principios del paternalismo son aquellos
que los grupos reconocerían en la posición original para protegerse contra la
debilidad o las fallas de su razón y de su voluntad en sociedad.
Por lo tanto, dado el análisis acerca de la
prioridad, el Primer Principio de la Justicia se enuncia de la siguiente
manera:
Primer Principio.
“Cada persona ha de tener un
derecho igual al sistema más amplio de libertades básicas, compatible con un
sistema similar de libertad para todos”
Regla de prioridad.
“Los principios de la
justicia han de ser clasificados en un orden lexicográfico y, por tanto, la
libertad sólo puede ser restringida en favor de la libertad en sí misma. Esto,
en dos circunstancias:
a. Una libertad menos extensa
debe reforzar el sistema total de libertad compartido por todos.
b. Una libertad menor que la
libertad-igual debe ser aceptable para aquellos ciudadanos con una libertad
menor”
La Interpretación Kantiana de la Justicia como
Imparcialidad.
Kant postula la idea de que
los principios morales son el objeto de la elección racional. La legislación
moral debe ser acordada en condiciones que caracterizan a los hombres como
seres libres y racionales. Los principios de sus acciones no dependen de
contingencias naturales o sociales, ni reflejan tampoco la disposición de las
particularidades de sus planes de vida o de las aspiraciones que los motivan.
Actuando a partir de estos
principios, las personas expresan su naturaleza de seres libres y racionales
sujetas a las condiciones generales de la vida humana. Cuando actuamos
racionalmente sobre los principios de la justicia, en el curso ordinario
de los acontecimientos, consentimos deliberadamente las limitaciones de la posición
original.
Los principios de la
justicia son también imperativos categóricos en sentido kantiano. Actuar
a partir de los principios de la justicia es actuar a partir de imperativos
categóricos, significa que se aplican a nosotros cualesquiera que sean nuestros
propósitos en particular. La suposición que motiva el mutuo desinterés (en los
propósitos particulares) concuerda con la noción kantiana de autonomía,
y tiene como fin el permitir la libertad en la elección de un sistema de
objetivos finales..
No obstante, actuar con base
en un conjunto coherente de principios básicos, sería el resultado de una
decisión del ego noumenal (elección libre), pero para el ego fenomenal
no todas estas acciones expresan esta decisión como la de un ser libre y
racional. La elección del individuo, como ser noumenal, es una elección
colectiva. La justicia como imparcialidad es una teoría de la justicia humana y
entre sus premisas están los hechos elementales acerca de las personas y su
lugar en la naturaleza.
La posición original sería
el punto de vista a través del cual seres noumenales contemplan el mundo. Los
grupos compuestos de seres noumenales tienen completa libertad para elegir los
principios que deseen; pero también tienen un deseo de expresar su naturaleza
como miembros racionales del Reino de lo Inteligible, es decir, como seres que
pueden contemplar al mundo de este modo y que en su vida expresan esta
perspectiva como miembros de la sociedad. De esta manera, los hombres exhiben
su libertad, su independencia de las contingencias de la naturaleza y de la
sociedad, actuando por medios que reconocerían en la posición original.
Pues bien, el objetivo principal de Kant es
profundizar y justificar la idea de Rousseau de que la libertad consiste en
“actuar de acuerdo con una ley que nos damos a nosotros mismos”. Pero esto no
nos lleva a la moral de una “orden austera”, sino que a una ética de mutuo respeto
y [auto]estima.
Conclusión..
Los principios de la
justicia deben garantizar una adecuada articulación entre libertad e igualdad,
para que la posición original sea respetada y respetable. La igualdad,
planteada en el Segundo Principio de la Justicia, está sustentada en la
libertad (porque en su sentido original debe entenderse que expresa como
principio que todos los ciudadanos deben ser igualmente libres). Pero esta igualdad implica que todos deben
tener las mismas oportunidades para el ejercicio de su libertad, entonces las
diferencias en este punto no sólo significarían un menoscabo de la igualdad
sino que también de la libertad.
La igualdad es una exigencia
moral, puesto que significa la comprensión que realiza el sujeto de sí mismo, y
se hace efectiva en el resguardo no sólo de la propia libertad sino que también
en el resguardo de la libertad del otro. La presencia del otro como
necesario antecedente al ejercicio de la libertad exige un compromiso moral,
por ello esta libertad que tiene en su horizonte al otro constituye la
moralidad en su carácter más propio. En esta moralidad se establece un
compromiso que contempla una dimensión universal en todas las decisiones (y no
puede referirse mera y exclusivamente al propio bien).
En conclusión: Esta
universalidad implica que el juicio moral no juzga respecto de contenidos (que
serán siempre determinados y específicos y distintos para cada uno de los
miembros de la sociedad) sino que juzga respecto de su forma (la índole del
juicio mismo). Al leer los principios que Rawls propone como fundamentos de la
justicia, notaremos su pretensión universalizadora (asequible mediante una vía
puramente formal). De esta manera, Rawls no dice “cuáles” deben ser los
derechos o los deberes para los miembros de una sociedad, ni tampoco señala
“cuáles” son esas libertades; más bien enuncia que ambos principios establecen
la vía formal acerca de “cómo dirimir si un derecho o un deber puede ser
efectivamente reclamado en pro de la libertad”.
lunes, 17 de mayo de 2010
Ética Empresarial en el Trabajador.
La ética empresarial es responsabilidad del trabajador, y no exclusivamente del administrador (jefe); éste último estará condicionado por las decisiones del primero.
Así es como la ética empresarial deja de ser un obstáculo y se transforma en una oportunidad para el administrador de mejorar sus ganancias y una oportunidad para el trabajador de vivir mejor. Lo anterior se fundamenta en los principios de la visión sistémica: es decir, las variables constituyentes de un sistema interaccionan entre sí de manera recíproca obteniendo como resultado un nuevo estado beneficioso para ambos.
Una de las variables que el trabajador puede considerar, a modo de ejemplo, es la cantidad de horas diarias (o semanales) que puede dedicar a las actividades laborales, incluso tomando en cuenta el tiempo que ocupa en el traslado desde su casa al trabajo y viceversa. Esto quiere decir que, en la mayor parte de los casos, aumentar las horas de trabajo no significa mejorar la calidad de vida a través del dinero. Tal es la situación de algunos padres que llegan a casa sólo a dormir, porque aducen su extensa jornada laboral a su “preocupación” por el bienestar de la familia y contradiciéndose por el hecho de no tener tiempo para compartir con esposa e hijos
El trabajador debe discurrir, además, que los ingresos no sólo pueden ser monetarios sino que también valóricos. Una correcta distribución del salario ganado (y tiempo de ocio) puede mejorar la calidad de vida de manera más eficaz que el simple consumismo impuesto por los medios de comunicación, e incluso puede resultar beneficioso para el desempeño laboral. Por ejemplo, “una noche de alcohol” con los amigos está fuera de la honesta diversión si el sujeto debe ir a trabajar a la mañana siguiente; o el ejemplo contrario: no poder ver la anhelada película porque el horario laboral no lo permite y, sin embargo, días más tarde ausentarse al trabajo por padecer depresión o estrés.
La libertad como acción es parte de la ética del trabajador, donde éste es capaz de elegir (asumir una postura ética) sin importar la coerción que exista en el sistema social. Según la Teoría de la Conspiración, la cesantía puede ser inducida en un sistema social con tal de abaratar los costos de la mano de obra. Pero esta objeción tampoco es un llamado al sindicalismo, sino que a algo más simple: al trabajador le corresponde elegir cuál será su postura frente al salario, aceptándolo o rechazándolo, de manera parcial o permanentemente. Que “los tiempos estén difíciles” (crisis) no es argumento suficiente para someterse a los mandatos de un administrador; puesto que si el trabajador se resigna, dará la pauta para que los administradores sean capaces de crear una situación de crisis en el sistema obteniendo ganancias a costa de la desesperación de los trabajadores.
Otra variable importante es la dignidad humana, cuya controvertida definición se hace más clara cuando se padece la injusticia; llegando a situaciones “angustiantes” como el endeudamiento (en que se induce al trabajador a variar su propio precio por debajo de lo que él mismo acepta). Y, a pesar de lo anterior, el trabajador a toda costa debe entender que el endeudamiento no tiene que hacerle creer que él cuesta menos de lo que vale (precio vs valor).
También, hay que tomar en cuenta la manera en que el trabajador invierte su dinero: los egresos del trabajador son mejor aprovechados si se invierte en otros trabajadores en su mismo “nivel”; es decir, el sistema económico es mucho más justo cuando el trabajador es capaz, por ejemplo, de comprar un kilo de pan en la panadería del barrio antes que en la cadena de supermercados vigente. Aunque lo primero tenga más precio que lo segundo, el valor del dinero es mayor para el vendedor del barrio; pues la panadería da trabajo y sustento directamente a una o varias familias, mientras que la cadena de supermercado lleva sus utilidades directamente a los accionistas. Esta recomendación, orientada al trabajador, evita el monopolio (la “dominación” del bien que Michael Walzer advertía).
Y por último, según todo lo visto: una educación de calidad no se recibe pasivamente. En el modelo neoliberal, la información a modo de “conocimiento” se le busca activamente; y, obviamente, la información muchas veces es más valiosa de lo que cuesta (valor vs precio). La “falsa educación” es un producto de mercado que se obtiene de manera barata y se vende a mayor precio con el único propósito de reducir la movilidad social y provocar el ya mencionado endeudamiento. La ignorancia es cómplice de la desigualdad social. El trabajador y el administrador deben educarse mutuamente sin importar el precio, pues la ganancia es recíproca más allá de lo monetario; la ética vista como justicia se consigue cuando hay interacción recíproca entre los elementos del sistema y no en el conflicto.
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Pincheira Sánchez, Yerko. "Ética Empresarial y Sueldo Ético: Replantear Conceptos desde una Visión Sistémica", pag. 65-67. Universidad de Playa Ancha, Chile (2008)
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Así es como la ética empresarial deja de ser un obstáculo y se transforma en una oportunidad para el administrador de mejorar sus ganancias y una oportunidad para el trabajador de vivir mejor. Lo anterior se fundamenta en los principios de la visión sistémica: es decir, las variables constituyentes de un sistema interaccionan entre sí de manera recíproca obteniendo como resultado un nuevo estado beneficioso para ambos.
Una de las variables que el trabajador puede considerar, a modo de ejemplo, es la cantidad de horas diarias (o semanales) que puede dedicar a las actividades laborales, incluso tomando en cuenta el tiempo que ocupa en el traslado desde su casa al trabajo y viceversa. Esto quiere decir que, en la mayor parte de los casos, aumentar las horas de trabajo no significa mejorar la calidad de vida a través del dinero. Tal es la situación de algunos padres que llegan a casa sólo a dormir, porque aducen su extensa jornada laboral a su “preocupación” por el bienestar de la familia y contradiciéndose por el hecho de no tener tiempo para compartir con esposa e hijos
El trabajador debe discurrir, además, que los ingresos no sólo pueden ser monetarios sino que también valóricos. Una correcta distribución del salario ganado (y tiempo de ocio) puede mejorar la calidad de vida de manera más eficaz que el simple consumismo impuesto por los medios de comunicación, e incluso puede resultar beneficioso para el desempeño laboral. Por ejemplo, “una noche de alcohol” con los amigos está fuera de la honesta diversión si el sujeto debe ir a trabajar a la mañana siguiente; o el ejemplo contrario: no poder ver la anhelada película porque el horario laboral no lo permite y, sin embargo, días más tarde ausentarse al trabajo por padecer depresión o estrés.
La libertad como acción es parte de la ética del trabajador, donde éste es capaz de elegir (asumir una postura ética) sin importar la coerción que exista en el sistema social. Según la Teoría de la Conspiración, la cesantía puede ser inducida en un sistema social con tal de abaratar los costos de la mano de obra. Pero esta objeción tampoco es un llamado al sindicalismo, sino que a algo más simple: al trabajador le corresponde elegir cuál será su postura frente al salario, aceptándolo o rechazándolo, de manera parcial o permanentemente. Que “los tiempos estén difíciles” (crisis) no es argumento suficiente para someterse a los mandatos de un administrador; puesto que si el trabajador se resigna, dará la pauta para que los administradores sean capaces de crear una situación de crisis en el sistema obteniendo ganancias a costa de la desesperación de los trabajadores.
Otra variable importante es la dignidad humana, cuya controvertida definición se hace más clara cuando se padece la injusticia; llegando a situaciones “angustiantes” como el endeudamiento (en que se induce al trabajador a variar su propio precio por debajo de lo que él mismo acepta). Y, a pesar de lo anterior, el trabajador a toda costa debe entender que el endeudamiento no tiene que hacerle creer que él cuesta menos de lo que vale (precio vs valor).
También, hay que tomar en cuenta la manera en que el trabajador invierte su dinero: los egresos del trabajador son mejor aprovechados si se invierte en otros trabajadores en su mismo “nivel”; es decir, el sistema económico es mucho más justo cuando el trabajador es capaz, por ejemplo, de comprar un kilo de pan en la panadería del barrio antes que en la cadena de supermercados vigente. Aunque lo primero tenga más precio que lo segundo, el valor del dinero es mayor para el vendedor del barrio; pues la panadería da trabajo y sustento directamente a una o varias familias, mientras que la cadena de supermercado lleva sus utilidades directamente a los accionistas. Esta recomendación, orientada al trabajador, evita el monopolio (la “dominación” del bien que Michael Walzer advertía).
Y por último, según todo lo visto: una educación de calidad no se recibe pasivamente. En el modelo neoliberal, la información a modo de “conocimiento” se le busca activamente; y, obviamente, la información muchas veces es más valiosa de lo que cuesta (valor vs precio). La “falsa educación” es un producto de mercado que se obtiene de manera barata y se vende a mayor precio con el único propósito de reducir la movilidad social y provocar el ya mencionado endeudamiento. La ignorancia es cómplice de la desigualdad social. El trabajador y el administrador deben educarse mutuamente sin importar el precio, pues la ganancia es recíproca más allá de lo monetario; la ética vista como justicia se consigue cuando hay interacción recíproca entre los elementos del sistema y no en el conflicto.
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Pincheira Sánchez, Yerko. "Ética Empresarial y Sueldo Ético: Replantear Conceptos desde una Visión Sistémica", pag. 65-67. Universidad de Playa Ancha, Chile (2008)
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martes, 15 de diciembre de 2009
Pleonexia
Algunas grandes eminencias de la actualidad dicen que la pleonexia fue la peor enfermedad del siglo XX; tan terrible, que sus secuelas se mantienen hasta el día de hoy y porque, además, la propagación de esta pandemia abarcará pronto todo el mundo. Tan terrible enfermedad, que incluso los médicos y sicólogos la padecen y, por lo mismo, la ocultan.
Los síntomas son conocidos. Al principio, la persona tiene la sensación de que somos muchos y todo escasea, sobretodo cuando es bombardeado a cada momento con el aviso de "crisis". La paranoia y la desconfianza en el otro comienza a aflorar.
Más tarde, al ver la situación, el organismo entra en alerta y comienza la fase de competencia. Se acentúa la individualidad. "Si el otro tiene esto; yo también debo tenerlo; si todos tienen aquello, yo no puedo quedar atrás"; "tengo 20 años, tengo que estudiar una buena carrera universitaria; tengo 30, tengo que formar una familia y comprar una gran casa con un buen auto; tengo 40, tengo que ser reconocido y respetado". El factor envidia, asociado al concepto "tengo", causa estragos en el individuo frente a la sociedad que representa.
El paso siguiente es una confusión entre cantidad y calidad; una dramática obsesión por los números, confundiendo incluso "valor" con "precio". Es en esta situación donde la mayoría de los seres humanos colapsan; se entregan en cuerpo y alma por un monto determinado de dinero, a veces sin saber el porqué lo hacen. El individuo se disocia, se objetiviza, vive una vida ajena; a la larga, ni las más exorbitantes cifras de dinero pueden saciarle. El estrés desencadenado, agobia la integridad física hasta el punto de romper ese natural equilibrio orgánico llamado "salud". La pleonexia comienza a roer la conciencia, y es la última oportunidad que tiene el individuo para revertir voluntariamente su situación. Finalmente, para la gran mayoría, llega la muerte.
No obstante, la verdadera "última etapa" (irreversible por lo cierto) está formada por aquellos que encontraron "el truco" para sobreponerse a la etapa anterior; provocando que el individuo se autoproclame "centro del universo" y viendo como sus habilidades corporales son sobrepasadas por sus apetitos. En este punto, éste se apodera precisamente de otros seres humanos, usándolos como una "masa" para beneficio propio; engañándolos para hacerlos competir entre sí y robarles, en medio de la confusión, lo que éstos han producido. Forman "corporaciones", forman grupos de "élites", se ocultan y vigilan a la masa jugando a ser dioses. Finalmente, a partir de este mismo punto, la enfermedad repite el ciclo.
"Pleonexia" es una palabra que viene del griego πλεονεξία (pleonexia), que significa "codicia" o "avaricia". El vocablo πλεονεξία está compuesta de: πλέον (pleon) grado comparativo neutro del adjetivo πολύς (polis, mucho), εξ (ex) del verbo ἒχω (ejo, tengo), y el sufijo ια (-ía, utilizado en griego para formar sustantivos o adjetivos femeninos).
Pleonexia, es el apetito insaciable de poseer bienes materiales, y está ligado a la vanidad, el egoísmo, y la sobrevaloración de la autoimagen personal, lo que lleva al individuo a sentirse el centro del mundo y, por consiguiente, a pensar que tiene mayores méritos que los demás para acapararlo todo.
Se sabe que Platón llegó a considerar a la pleonexia como una verdadera "enfermedad moral" (hoy en día se entendería como "trastorno sicológico").
En el diálogo Gorgias, Platón elabora su idea de aretée (el hombre beltístos, el mejor) a partir de una confrontación con Calicles (un sofista) quien defiende la idea de el poder entendido como pleonexía, cuyo ejercicio permite llevar los propios intereses, ambiciones y vicios a su máxima expresión, propiciando un gozo desenfrenado e insaciable de dicho poder.
Para Calicles, es justo que el más poderoso tenga más que el menos poderoso. El hombre excelente es el más fuerte. En cambio, la isonomía (igual posición) que fundó la democracia ateniense, es la ley que usan los más débiles para ocultar su propia incapacidad y miserabilidad.
Pero a Calicles se le contrargumenta que este "poder" genera indefectiblemente violencia. Por una parte, se hace necesaria la imposición por la fuerza para obtener determinados deseos y, por otra, es la violencia el único medio para obtener más y más poder. Y para evitar esto, hay que restaurar en el pensamiento y en la acción política, la justicia presente en la isonomía.
En hombres que sólo ansían tener más y más (pleonexía), no puede erigirse una comunidad, “porque un hombre injusto no podría ser amigo de otro hombre, ya que es incapaz de vivir en comunidad. Pero donde no hay comunidad, tampoco podría haber amistad. Pues dicen los sabios que el cielo, la tierra, los dioses y los hombres se mantienen por comunidad, amistad, orden (kosmos), moderación y justicia, y que todo este conjunto se llama por ello orden bello (kosmos kalousin), compañero, no desorden, ni tampoco desenfreno ... se te ha olvidado que la igualdad geométrica (isotés geometrikée) tiene mucho poder entre dioses y hombres. Mas tú opinas que se debe ejercer el tener más (pleonexían), porque eres negligente con la geometría” (Gorgias, 507e-508a).
En La República, el hombre justo es aquél que posee la proporción interior: aquél cuya alma constituye una unidad armónica donde prima la inteligencia (nous); donde el ánimo, el temple (thymós) apoya y obedece a dicho nous; y donde la vida instintiva (epithymía) adquiere sentido en relación con las dos anteriores. El hombre justo es el varón musical (mousikós aneér) que tiene “acordadas” las cuerdas interiores del alma en una perfecta armonía y que, a partir de esta situación, comienza a actuar. Alcanzar esta armonía implica la salud del alma, pues responde a su naturaleza (he ahí la excelencia); por el contrario, subvertir ese orden interior implica la enfermedad del alma, el reinado de la injusticia. Entonces, el hombre desenfrenado propuesto por Calicles (aquél que se guía por sus placeres e instintos), será un tirano que posee un alma enferma con un orden interior subvertido, pues en él rige lo instintivo por sobre la inteligencia; además posee un alma desarmónica, desproporcionada e injusta (y por tanto actúa injustamente).
Este hombre justo necesita un contexto determinado para su formación: la polis. Sólo una buena educación conforma un alma sana, y, a su vez, sólo a partir de almas sanas es posible construir una ciudad sana. Así pues, en el Gorgias, se plantea que el Estado debe ocuparse prioritariamente de las leyes educativas; toda ley educa y por tanto debe responder a lo justo, si una ley es injusta educa en la injusticia. Un estado que no es educador, no es [estado].
Para Aristóteles, en la Ética a Nicómaco (1131a-b), la justicia distributiva busca regular el reparto de los bienes exteriores según la igualdad geométrica (o proporcional). Esta clase de justicia es un término medio entre dos formas de desigualdad, entre dar-recibir en mayor-menor cantidad que la proporción correcta. Aristóteles explica que “necesariamente lo justo será un término medio e igual en relación con algo y con algunos. Como término medio, lo será de unos extremos (es decir, de lo más y lo menos); como igual, respecto de los términos; y como justo, en relación con ciertas personas”. La igualdad que se busca es "proporcional" cuando es relativa a lo que se considera relevante para la distribución (tomando en cuenta con qué se distribuye y entre quiénes se distribuye determinado bien).
En definitiva, para los griegos la pleonexía era la forma de injusticia social más despreciable, y actualmente cualquier persona creería que esa enseñanza perdura hasta los albores del sXXI. No obstante, resulta paradójico que, en las metrópolis de la cultura occidental, la pleonexia se haya convertido en el motor de esa "máquina" llamada capitalismo: El “afán de lucro” para muchos constituye una virtud porque [supuestamente] estimula el anhelo de progreso personal y la disposición al trabajo duro. Incluso, el economista Friedrich Von Hayek en su obra La Higiene de la Democracia, denosta a la solidaridad como "un valor propio de civilizaciones primitivas y de grupos sociales reducidos, pero anacrónico y extremadamente perjudicial si se aplica a la sociedad moderna (en donde los lazos parecen ser únicamente instrumentales);" la actual solidaridad no es otra cosa que una reminiscencia emocional de los sentimientos de los primitivos cazadores o recolectores, en la cual todos debían trabajar para servir las necesidades concretas de sus prójimos visibles; la solidaridad y la pertenencia [a un grupo] serían, según Hayek, valores que la democracia técnica (el rostro político de la sociedad de mercado) debe eliminar, pues se consideran "impurezas" del sistema.
¿Quiénes están enfermos?
¿Quiénes están sanos?
¿Quiénes están sanos?
jueves, 29 de octubre de 2009
Russel Ackoff
El Profesor Russell Ackoff ha sido descrito como un hombre del renacimiento, arquitecto, planificador de ciudades, filósofo, científico del comportamiento, pionero en el campo de la operación organizacional, pre-eminente autoridad en el campo de la teoría de sistemas organizacionales, autor exitoso. Reconocido internacionalmente como un académico pragmático, Russ, como fue conocido por todos, dedicó la mayor parte de su vida profesional a la “disolucion” de problemas sociales complejos y organizacionales con la partticipación de todos los stakeholders en el diseño de las soluciones.
Nació en Philadelphia, hijo de Jack y Fannie (Weitz) Ackoff, culminó sus estudios de pregrado en Arquitectura en la Universidad de Pennsylvania en 1941. De 1942 a 1946 sirvió en el ejército de USA, estacionado en Filipinas. Luego de regresar de la guerra el obtuvo su doctorado en Filosofía de las Ciencias en la Universidad de Penn.
De 1947 a 1951 el Dr Ackoff fue profesor asistente en filosofía y matemáticas en Wayne State University. Fue aqui la primera vez que intentó formar un Instituto dedicado a la aplicación de las creencias filosóficas sobre la naturaleza humana en el diseño y mejora de las instituciones sociales. En 1951 Ackoff y un grupo de colegas fue invitado a unirse al Case Institute Technology School of Engineering, donde fueron instrumentales en el establecimiento de uno de los primeros departamentos en el mundo de la Investigación de Operaciones, un logro que aún identifica Ackofff como “Padre de la Investigación de Operaciones”.
En 1964 el reciente programa de posgrado en negocios en Wharton School reclutó a Ackoff y sus colegas. En 1980, el departamento de Ciencias de Sistemas Sociales fue establecido en Wharton. Este innovador programa combinaba teoría y prácitica de diseño organizacional, intentando escapar de los limites mono disciplinarios tradicionales, y cultivó estudiantes motivados por el pensamiento independiente y la acción.
En 1986 el Dr. Ackoff se retiró de Wharton School, se convirtió en Anheuser Bhuch Profesor emérito de Ciencias Administrativas, y fundó INTERACT, una firma consultora y think tank.
En Setiembre del 2000 fue homenajeado en Penn con el establecimiento del Ackoff Center for Avancement of Systems Approaches (ACASA) en la escuela de Ingeniería y Ciencias Aplicadas, como resultado del agradecimiento y contribución de Ray Stata (Presidente de directorio, Analog Devices), la Fundación Anheuser-Busch, y la Fundación General Motors. En 2002 se estableció la beca en investigacion para estudiantes de doctorado “Russel Ackoff” en Wharton School.
En 2003, a la edad de 84 años, volvió a Penn como afiliado distinguido en el programa de Dinámica Organizacional en la Escuela de Artes y Ciencias para enseñar un curso para posgrado de “Pensamiento de Sistemas Aplicado al Management” y asesorar a los estudintes de posgrado.
En 2005, cofundó Adopt a Neighborhood for Development, Inc. una organización dedicada a fomentar y facilitar programas de auto desarrollo en comunidades desfavorecidas, y continuó dando clases en universidades de todo el mundo.
En 2007 se estableció en Rusia el Programa Ackoff , Tomks University, en Tomks . En 2008 se creó el Russell Ackoff Systems Thinking Library and Archive en el programa de Dinámica Organizacional en la Escuela de Artes y Ciencias; la biblioteca cuenta con más de 300 publicaciones científicas y casi 3 docenas de libros, sus manuscritos privados y biblioteca personal consta de más de 3000 libros sobre sistemas, diseño, filosofía, y ciencias sociales, así como su spremios, medallas, reconocimientos, y sus 6 doctorados honoríficos en Ciencias y Letras. Sus libros, los cuales incluyen: Introducción a la Investigación de Operaciones, El Arte de Resolver Problemas, Creando la Corporación del Futuro, Administración en pequeñas dosis, son leidos alrededor del mundo y han sido traducidos a más de 15 idiomas.
En 2008 se establece el Programa Ackoff en New Bulgarian University, Sofía, Bulgaria , y en el 2009 se creó el Ackof CEnter for Design Thinking, en el Insitututo Da Vinci, Sudáfrica.
Durante sus años de enseñanza, viajando y dando conferencias adquirió una gran lealtad de estudiates, colegas y clientes. Resistiendo siempre el nombre de “gurú” , muy popularizado por la prensa en el ámbito de los negocios, él dijo una vez: “Yo no soy un gurú … los gurús alientan a quienes hacen las cosas como él hace. Yo soy un educador … yo aliento a los demás a salir y adaptar estas ideas, para que hagan lo que fuera sea la solución más efectiva para ellos” el Dr Ackoff continuó enseñando en el programa de Educación para ejecutivos de Wharton incluso en setiembre del 2009.
Russell Ackoff falleció el 29 de octubre del 2009 después de complicaciones con una operación de reemplazo de cadera.
Traducido desde Ackoff Center Weblog
sábado, 15 de noviembre de 2008
Immanuel Kant: Ética del Deber
Es sabido que, la ética como conocimiento filosófico, pretende ser la reflexión que hacemos sobre “cómo” vivir satisfactoriamente. Esta reflexión comprende dos problemas fundamentales:
Ambos aspectos son parte de la misma reflexión que plantea el cómo vivir bien con-y-para los otros en instituciones justas.
Immanuel Kant[1], se inclina a buscar la repuesta a la segunda cuestión de la ética, es decir, la cuestión de las normas morales (denominada "el deber") . Kant piensa que teorizar sobre lo que nos hace felices es una discusión sin fin, pues considera imposible llegar a principios universales en cuanto al tema de la felicidad puesto que una teoría debe basarse en principios universales. En cambio, estos principios se encuentran sólo en el aspecto del “cómo” debemos actuar, es decir, en la ética formal.
Kant se orienta por aquello que cree común a todos los seres humanos: la razón teórico-práctica. Es decir, si usamos nuestra razón humana y si indagamos dentro de ella y seguimos las reglas del razonamiento lógico, entonces la razón nos dirá cómo es que se debe actuar. No hace falta que un principio exterior a nosotros (i.e. Dios, el sacerdote, la madre, el maestro, etc.) nos dicte pautas de acción. Todos y cada uno, pueden llegar a saber cómo actuar, siguiendo los principios de la lógica racional.
La ética kantiana es una ética autónoma (en oposición a la ética heterónoma, es decir, cuando se recibe de otro la instrucción de lo que es correcto hacer cualquiera sea su autoridad). Esto es: si se usa la razón, uno mismo puede “autodeterminarse”; pues esta razón indica que lo que cuenta no es “qué” buscamos-obtenemos o “cuándo” actuamos, sino el “cómo” debemos actuar. Los motivos éticos que guían los actos no deben ser según capricho personal sino por cumplimiento del deber que nuestra razón nos muestra. De esta manera, se plantean dos tipos de deberes o imperativos que la recta razón nos dicta en cuanto a comportamiento:
Y de lo anterior se llega a 2 imperativos categóricos clave:
Sin embargo, no todo son luces en esta propuesta de Kant; más bien hay que considerarla sólo dentro del contexto de la época de la Ilustración. Hay que tomar en cuenta que en 1788 era aún inexistente La Genealogía de la Moral de Fiedrich Nietzsche; texto en el que expone que este afán racionalista de nulificar los deseos, las pasiones y en sí “la vida” a través del dominio de la razón científico-práctica, no es más que una muestra de la decadencia burguesa que, ante su temor a la vida, lucha por auto-domesticarse a través de la educación. Kant tampoco llegó a conocer la reflexión hermenéutica del siglo XX que se da entre filósofos tales como Michel Foucault (Las Palabras y las Cosas; El Orden del Discurso), Hans-Georg Gadamer (Verdad y Método), Paul Ricoeur (Los Caminos de la Interpretación; Existencia y Hermenéutica) ó Jürgen Habermas (Conocimiento e Interés); por mencionar sólo a algunos.
La ética kantiana no reconoce que la razón teórica (y menos aún la razón teórico-práctica) es una de tantas formas de razonamiento y quizá la más “desinteresada”. Los caminos de las distintas racionalidades, como formas de explicarnos y ser-en-el-Mundo, cruzan los valles de las distintas culturas, razas, sexos, edades, temporalidades y no conducen necesariamente todos al mismo fin.
Tampoco hay que dejarse llevar por la distinción que Kant hace del concepto del Bien. Existen numerosos ejemplos de experimentos socio-políticos en la historia de principios del sXX que son la excepción a la regla del bien común, pues el ser-humano de aquel siglo fue capaz de renunciar a muchos bienes para obtener cierto bien, y esto de por sí es interés. ¿Qué sentido tiene cumplir el deber si no se consigue el bien? ó ¿qué sentido tiene la norma ética aplicada a la vida misma si no es para vivir satisfactoriamente?. No obstante, Kant reconoce la dignidad humana, puesto que si el ser humano nunca puede ser visto "sólo como un medio", entonces mucho menos debe ser vista la vida humana como un medio para cumplir la “ley ética” (sino que la ley ética debe ser el medio para tener una buena vida humana).
Ahora bien, en cuanto a las empresas, los administradores se preocupan por infundir valores y pautas de conducta a sus trabajadores, lo cual se relaciona con la ética kantiana cuando se usan lemas tales como “llegar a la hora X” ó “transite siempre por la derecha”. Ésta ética es muy adecuada para dichos administradores porque convence y obliga al trabajador a cumplir con una serie de estándares de calidad de todo tipo; pero estos indicadores no son necesariamente de índole moral, sino que se excluye en la realidad el "sentido" de este cumplimiento, negando a los trabajadores no sólo bienes materiales tales como la remuneración debida, sino incluso hasta la posibilidad del descanso o la recreación necesarios para la vida. Pareciera ser que al sistema de producción impuesto por el neoliberalismo le viene muy bien la ética kantiana para aplicarla a los trabajadores, pues facilita la acumulación de capital; sin embargo, a los dueños del capital no les parece obligatorio seguir esta ética sino que prefieren una ética utilitarista y hedonista; en síntesis, se puede decir que existe una ética del deber para los trabajadores de la empresa coexistiendo con una ética del placer para los administradores del capital.
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[1] Kant, Imannuel. “Crítica de la Razón Práctica”. Traducción de J. Rovira Armengol. Ed. Losada, Buenos Aires (1961).
- ¿Qué es una vida satisfactoria?. Es la búsqueda de la comúnmente llamada “felicidad”, lo cual constituye el aspecto material de la ética.
- ¿Cómo es la mejor forma de actuar? Pregunta que se orienta principalmente por las normas de conducta, lo cual es el aspecto formal de la ética.
Ambos aspectos son parte de la misma reflexión que plantea el cómo vivir bien con-y-para los otros en instituciones justas.
Immanuel Kant[1], se inclina a buscar la repuesta a la segunda cuestión de la ética, es decir, la cuestión de las normas morales (denominada "el deber") . Kant piensa que teorizar sobre lo que nos hace felices es una discusión sin fin, pues considera imposible llegar a principios universales en cuanto al tema de la felicidad puesto que una teoría debe basarse en principios universales. En cambio, estos principios se encuentran sólo en el aspecto del “cómo” debemos actuar, es decir, en la ética formal.
Kant se orienta por aquello que cree común a todos los seres humanos: la razón teórico-práctica. Es decir, si usamos nuestra razón humana y si indagamos dentro de ella y seguimos las reglas del razonamiento lógico, entonces la razón nos dirá cómo es que se debe actuar. No hace falta que un principio exterior a nosotros (i.e. Dios, el sacerdote, la madre, el maestro, etc.) nos dicte pautas de acción. Todos y cada uno, pueden llegar a saber cómo actuar, siguiendo los principios de la lógica racional.
La ética kantiana es una ética autónoma (en oposición a la ética heterónoma, es decir, cuando se recibe de otro la instrucción de lo que es correcto hacer cualquiera sea su autoridad). Esto es: si se usa la razón, uno mismo puede “autodeterminarse”; pues esta razón indica que lo que cuenta no es “qué” buscamos-obtenemos o “cuándo” actuamos, sino el “cómo” debemos actuar. Los motivos éticos que guían los actos no deben ser según capricho personal sino por cumplimiento del deber que nuestra razón nos muestra. De esta manera, se plantean dos tipos de deberes o imperativos que la recta razón nos dicta en cuanto a comportamiento:
- Los imperativos hipotéticos: Si quiero A debo hacer B, pero si no quiero A no tengo que hacer B.
- Los imperativos categóricos: Debo hacer X en cualquier condición necesariamente (incondicionado, sintético-práctico y necesario).
Y de lo anterior se llega a 2 imperativos categóricos clave:
- Tratar siempre al ser humano como un fin y nunca sólo como un medio.
- Toda acción moral debe poder ser convertida en ley universal.
Sin embargo, no todo son luces en esta propuesta de Kant; más bien hay que considerarla sólo dentro del contexto de la época de la Ilustración. Hay que tomar en cuenta que en 1788 era aún inexistente La Genealogía de la Moral de Fiedrich Nietzsche; texto en el que expone que este afán racionalista de nulificar los deseos, las pasiones y en sí “la vida” a través del dominio de la razón científico-práctica, no es más que una muestra de la decadencia burguesa que, ante su temor a la vida, lucha por auto-domesticarse a través de la educación. Kant tampoco llegó a conocer la reflexión hermenéutica del siglo XX que se da entre filósofos tales como Michel Foucault (Las Palabras y las Cosas; El Orden del Discurso), Hans-Georg Gadamer (Verdad y Método), Paul Ricoeur (Los Caminos de la Interpretación; Existencia y Hermenéutica) ó Jürgen Habermas (Conocimiento e Interés); por mencionar sólo a algunos.
La ética kantiana no reconoce que la razón teórica (y menos aún la razón teórico-práctica) es una de tantas formas de razonamiento y quizá la más “desinteresada”. Los caminos de las distintas racionalidades, como formas de explicarnos y ser-en-el-Mundo, cruzan los valles de las distintas culturas, razas, sexos, edades, temporalidades y no conducen necesariamente todos al mismo fin.
Tampoco hay que dejarse llevar por la distinción que Kant hace del concepto del Bien. Existen numerosos ejemplos de experimentos socio-políticos en la historia de principios del sXX que son la excepción a la regla del bien común, pues el ser-humano de aquel siglo fue capaz de renunciar a muchos bienes para obtener cierto bien, y esto de por sí es interés. ¿Qué sentido tiene cumplir el deber si no se consigue el bien? ó ¿qué sentido tiene la norma ética aplicada a la vida misma si no es para vivir satisfactoriamente?. No obstante, Kant reconoce la dignidad humana, puesto que si el ser humano nunca puede ser visto "sólo como un medio", entonces mucho menos debe ser vista la vida humana como un medio para cumplir la “ley ética” (sino que la ley ética debe ser el medio para tener una buena vida humana).
Ahora bien, en cuanto a las empresas, los administradores se preocupan por infundir valores y pautas de conducta a sus trabajadores, lo cual se relaciona con la ética kantiana cuando se usan lemas tales como “llegar a la hora X” ó “transite siempre por la derecha”. Ésta ética es muy adecuada para dichos administradores porque convence y obliga al trabajador a cumplir con una serie de estándares de calidad de todo tipo; pero estos indicadores no son necesariamente de índole moral, sino que se excluye en la realidad el "sentido" de este cumplimiento, negando a los trabajadores no sólo bienes materiales tales como la remuneración debida, sino incluso hasta la posibilidad del descanso o la recreación necesarios para la vida. Pareciera ser que al sistema de producción impuesto por el neoliberalismo le viene muy bien la ética kantiana para aplicarla a los trabajadores, pues facilita la acumulación de capital; sin embargo, a los dueños del capital no les parece obligatorio seguir esta ética sino que prefieren una ética utilitarista y hedonista; en síntesis, se puede decir que existe una ética del deber para los trabajadores de la empresa coexistiendo con una ética del placer para los administradores del capital.
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[1] Kant, Imannuel. “Crítica de la Razón Práctica”. Traducción de J. Rovira Armengol. Ed. Losada, Buenos Aires (1961).
miércoles, 12 de noviembre de 2008
Adam Smith
Este filósofo y economista escocés es el autor del Ensayo acerca de la Naturaleza y Causas de La Riqueza de las Naciones (1776), y es mundialmente reconocido como el padre de la moderna ciencia económica. En aquella obra, Smith trata de explicar los factores que determinan el progreso económico, y los medios necesarios para crear un ambiente favorable para un crecimiento económico sostenido. Los principales elementos de su teoría son usados como referencia por la mayoría de los economistas del siglo XX y sus recomendaciones para la política económica siguen vigentes en nuestra época.
Para este autor, el nivel del ingreso real per-cápita y su tasa de crecimiento dependen esencialmente de “la aptitud, destreza y sensatez con que generalmente se ejercita el trabajo”[1], lo que hoy en día se denomina productividad laboral. Las diferencias internacionales (e Inter-temporales) en la productividad corresponden a diferencias en el grado de división del trabajo.
El factor que condiciona la división del trabajo es la disponibilidad de capital, puesto que para lograr un mayor grado de división del trabajo es necesario proporcionarle a la fuerza laboral más (y mejores) herramientas y maquinarias para llevar a cabo la producción. Otro factor es el tamaño del mercado; las restricciones al comercio internacional tendrán efectos adversos sobre la productividad, ya que necesariamente limitan el tamaño del mercado, impidiendo la división internacional del trabajo. En cambio, el comercio libre y abierto (comercio exterior) tiene el efecto opuesto. Por último, un factor importante es un entorno político (y legal) favorable, lo cual contribuye significativamente a incrementar el flujo de inversiones productivas.
El problema del desarrollo económico es un problema institucional, pues hay que buscar el sistema que mejor garantice el pleno desenvolvimiento del potencial económico de una nación. La propuesta de Smith era que el estado tuviera una mínima intervención en la economía; la acción espontánea del mercado generalmente producirá una asignación óptima de los recursos a través de una mano invisible, maximizando el bienestar de la sociedad entera, independiente de las intenciones de los individuos involucrados. Por otro lado, pretender asignar los recursos por medio de un plan deliberado requeriría mayores esfuerzos y conocimientos que los que puede disponer cualquier individuo; incluso, la mera presunción de poder hacerlo lo descalifica para el efecto.
Para Smith, existe un elemento falso (y hasta ridículo) en la idea de un gobernante que pretende administrar la economía de su pueblo: “Es una vana presunción que sus príncipes y ministros pretendan velar sobre la economía de aquellos pueblos (...) cuando los más poderosos son los más pródigos de la sociedad. Velando aquellos sobre sus propios gastos, puede esperarse que sin otra diligencia contengan los suyos los particulares. ¡Si su propia extravagancia no arruina al Estado, nunca lo logrará la de los súbditos!”[2].
La teoría de Smith fue revolucionaria en su época porque contradecía directamente el pensamiento mercantilista que predominaban entonces. El mercantilismo era una doctrina que favorecía la amplia regulación de la actividad económica con vistas a la promoción de ciertos intereses nacionales. Uno de los postulados de los mercantilistas era que toda política económica debía evaluarse en función de su efecto sobre la provisión nacional de metales preciosos. Cuando escaseaba el metal-moneda, la política comercial debía lograr el mayor exceso de exportaciones sobre importaciones posible (es decir, una balanza comercial favorable), siendo ésta la manera de incrementar la provisión de metales preciosos. Para lograr una balanza comercial favorable el estado debía fomentar las exportaciones o restringir las importaciones por medio de intervenciones del gobierno diseñadas y administradas para el efecto.
Smith criticaba la errónea identificación de “dinero” con “riqueza”, puesto que estos dos conceptos representan aspectos diferentes; un incremento en la cantidad de dinero no constituye en sí mismo un incremento en la riqueza real del país. El descubrimiento de América es un ejemplo de esto: la importancia para Europa no se debió al influjo de metales preciosos, sino a la tremenda ampliación de los mercados que ocasionó. También criticaba el hecho de confundir fines y medios (tomando la “actividad económica” como un fin en sí mismo) olvidando que el propósito final de toda actividad económica es la satisfacción de las necesidades humanas.
Definitivamente, el gran desarrollo de la Revolución Industrial en Inglaterra durante el siglo XIX, se debió principalmente a la aplicación de los postulados de Adam Smith. En el siglo XX, la evidencia más clara se observa en el desempeño de los países subdesarrollados en el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial. Algunos de estos países adoptaron políticas de desarrollo que protegían la industria nacional por medio de barreras arancelarias (y otras restricciones a la importación), medidas que significaron un desequilibrio: la producción nacional sustituía a las importaciones y esto hacía disminuir la exportación. El otro grupo de países, simbolizados por Taiwán y Corea del Sur, adoptó políticas de comercio exterior, integrándose al mercado mundial y abriendo sus economías nacionales a las fuerzas de la competencia internacional. Los resultados obtenidos se inclinaron enormemente en favor del segundo grupo de países, puesto que participaron más plenamente de los beneficios que proporciona el comercio internacional: mejor asignación de recursos, uso más eficaz de la mano de obra, generar mayores ingresos y el incremento del ahorro para futuras inversiones (caso contrario al endeudamiento del “Tercer Mundo”).
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[1] Cit: Cole, Julio. "El Modelo Smithiano" (Adam Smith). Artículo publicado por la revista del Centro de Estudios Económico-Sociales (CETES), nº 780, año XXXIV. Guatemala, agosto 1993.
[2] Ídem.
Para este autor, el nivel del ingreso real per-cápita y su tasa de crecimiento dependen esencialmente de “la aptitud, destreza y sensatez con que generalmente se ejercita el trabajo”[1], lo que hoy en día se denomina productividad laboral. Las diferencias internacionales (e Inter-temporales) en la productividad corresponden a diferencias en el grado de división del trabajo.
El factor que condiciona la división del trabajo es la disponibilidad de capital, puesto que para lograr un mayor grado de división del trabajo es necesario proporcionarle a la fuerza laboral más (y mejores) herramientas y maquinarias para llevar a cabo la producción. Otro factor es el tamaño del mercado; las restricciones al comercio internacional tendrán efectos adversos sobre la productividad, ya que necesariamente limitan el tamaño del mercado, impidiendo la división internacional del trabajo. En cambio, el comercio libre y abierto (comercio exterior) tiene el efecto opuesto. Por último, un factor importante es un entorno político (y legal) favorable, lo cual contribuye significativamente a incrementar el flujo de inversiones productivas.
El problema del desarrollo económico es un problema institucional, pues hay que buscar el sistema que mejor garantice el pleno desenvolvimiento del potencial económico de una nación. La propuesta de Smith era que el estado tuviera una mínima intervención en la economía; la acción espontánea del mercado generalmente producirá una asignación óptima de los recursos a través de una mano invisible, maximizando el bienestar de la sociedad entera, independiente de las intenciones de los individuos involucrados. Por otro lado, pretender asignar los recursos por medio de un plan deliberado requeriría mayores esfuerzos y conocimientos que los que puede disponer cualquier individuo; incluso, la mera presunción de poder hacerlo lo descalifica para el efecto.
Para Smith, existe un elemento falso (y hasta ridículo) en la idea de un gobernante que pretende administrar la economía de su pueblo: “Es una vana presunción que sus príncipes y ministros pretendan velar sobre la economía de aquellos pueblos (...) cuando los más poderosos son los más pródigos de la sociedad. Velando aquellos sobre sus propios gastos, puede esperarse que sin otra diligencia contengan los suyos los particulares. ¡Si su propia extravagancia no arruina al Estado, nunca lo logrará la de los súbditos!”[2].
La teoría de Smith fue revolucionaria en su época porque contradecía directamente el pensamiento mercantilista que predominaban entonces. El mercantilismo era una doctrina que favorecía la amplia regulación de la actividad económica con vistas a la promoción de ciertos intereses nacionales. Uno de los postulados de los mercantilistas era que toda política económica debía evaluarse en función de su efecto sobre la provisión nacional de metales preciosos. Cuando escaseaba el metal-moneda, la política comercial debía lograr el mayor exceso de exportaciones sobre importaciones posible (es decir, una balanza comercial favorable), siendo ésta la manera de incrementar la provisión de metales preciosos. Para lograr una balanza comercial favorable el estado debía fomentar las exportaciones o restringir las importaciones por medio de intervenciones del gobierno diseñadas y administradas para el efecto.
Smith criticaba la errónea identificación de “dinero” con “riqueza”, puesto que estos dos conceptos representan aspectos diferentes; un incremento en la cantidad de dinero no constituye en sí mismo un incremento en la riqueza real del país. El descubrimiento de América es un ejemplo de esto: la importancia para Europa no se debió al influjo de metales preciosos, sino a la tremenda ampliación de los mercados que ocasionó. También criticaba el hecho de confundir fines y medios (tomando la “actividad económica” como un fin en sí mismo) olvidando que el propósito final de toda actividad económica es la satisfacción de las necesidades humanas.
Definitivamente, el gran desarrollo de la Revolución Industrial en Inglaterra durante el siglo XIX, se debió principalmente a la aplicación de los postulados de Adam Smith. En el siglo XX, la evidencia más clara se observa en el desempeño de los países subdesarrollados en el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial. Algunos de estos países adoptaron políticas de desarrollo que protegían la industria nacional por medio de barreras arancelarias (y otras restricciones a la importación), medidas que significaron un desequilibrio: la producción nacional sustituía a las importaciones y esto hacía disminuir la exportación. El otro grupo de países, simbolizados por Taiwán y Corea del Sur, adoptó políticas de comercio exterior, integrándose al mercado mundial y abriendo sus economías nacionales a las fuerzas de la competencia internacional. Los resultados obtenidos se inclinaron enormemente en favor del segundo grupo de países, puesto que participaron más plenamente de los beneficios que proporciona el comercio internacional: mejor asignación de recursos, uso más eficaz de la mano de obra, generar mayores ingresos y el incremento del ahorro para futuras inversiones (caso contrario al endeudamiento del “Tercer Mundo”).
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[1] Cit: Cole, Julio. "El Modelo Smithiano" (Adam Smith). Artículo publicado por la revista del Centro de Estudios Económico-Sociales (CETES), nº 780, año XXXIV. Guatemala, agosto 1993.
[2] Ídem.
martes, 30 de septiembre de 2008
Sueldo Ético en Chile
Antecedentes.
El concepto “Sueldo Ético” comenzó a popularizarse luego de los acontecimientos socio-políticos que se desarrollaron en Chile durante al año 2007; todo esto, difundido ampliamente por los medios de información (televisión, radio, prensa escrita). La primera vez que el debate se hizo consistente, fue durante el pronunciamiento de monseñor Alejandro Goic a raíz de las manifestaciones de los trabajadores sub-contratados de la empresa minera Codelco. La prensa escrita[1] lo relató así:
La Polémica.
No debería causar sorpresa la polémica causada por las palabras del presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor Alejandro Goic, acerca del sueldo ético. A continuación se citan[3] los comentarios más significativos que aparecen en la prensa escrita acerca del debate originado durante esa semana:
Análisis del Concepto.
De acuerdo al testimonio de la comunidad católica, se sabe que el neoliberalismo (considerando sus variadas formas y matices) ha sido constantemente rechazado por la Iglesia; a pesar de que ésta no es la única institución (o paradigma) que está de acuerdo en que una falsa libertad se transforma en libertinaje e injusticia. La propuesta de monseñor Goic es una advertencia para recordar una responsabilidad moral ineludible para los cristianos: el respeto por el prójimo (lo cual se refleja en justicia).
No obstante, la expresión "sueldo ético" carece de rigurosidad conceptual para un especialista en economía, por eso se prefiere hablar de “salario justo” cuya denominación es más susceptible de análisis. Tampoco es obligatorio que un sacerdote sea experto en temas de economía; aunque sí es necesario que un político tenga nociones de ética. La doctrina católica de Goic es el llamado que hace la ética para que los políticos se hagan partícipes de los procesos económicos en Chile. El debate se argumenta desde el rol de cada uno de los opinantes.
Muchos economistas, entre ellos Milton Friedman, demuestran teóricamente que el cuestionamiento moral es un obstáculo para la rentabilidad económica. Incluso, la ya descrita Teoría de la Conspiración hace ver que las más grandes empresas del mundo deben sus logros a la falta de ética y a la corrupción de los políticos.
Pero también hay que considerar lo que Adam Smith y David Ricardo (los fundadores de la ciencia económica) formularon en los conceptos de “precio” (el precio de mercado y el precio natural, aplicable a las mercancías, el trabajo y las utilidades). Por una parte, según David Ricardo, el precio de mercado para la mano de obra surge del juego natural de la proporción que existe entre la oferta y la demanda; por otra parte, el precio natural de la mano de obra, depende del precio de los alimentos, de los productos necesarios y de las comodidades para el sostén del trabajador y de sus familias. De lo anterior se puede concluir que el precio natural (de la mano de obra natural) es el concepto teórico equivalente al “sueldo ético” planteado por el monseñor Goic.
Técnicamente, subir el salario de la “masa” de trabajadores significa estar pendiente del riesgo de aumentar la inflación o la devaluación de la moneda. Al subir el salario, disminuyen las oportunidades de contratación o la creación de nuevos empleos; fomentando, por ende, la cesantía. Incluso, la experiencia neoliberal ha demostrado que producir a partir de “mano de obra barata” disminuye el precio y aumenta el consumo, resultando en ganancias para quienes administran la empresa.
Pues bien, según los distintos censos y encuestas, la mayoría de los trabajadores chilenos se considera cristiano (ya sea católico o protestante); lo que significa la adopción de cierto código moral enfocado en el amor a la divinidad y al prójimo que, a su vez, determina la actitud que el trabajador tendrá con el administrador de la empresa. Esto significa que, en ciertas ocasiones, el trabajador asume su sometimiento ante aquella divinidad personificada en “el patrón” (el jefe o administrador de la empresa); y así se da la pauta para que el administrador establezca el sueldo según conveniencia y el trabajador busque el sueldo según necesidad: “Quienes están más atrás en la línea de pobreza, miran a los de más adelante y piensan que es injusticia de la vida. Los que están más adelante piensan que es porque se lo merecen, porque fueron más productivos y más trabajadores. Ninguna de las dos cosas son ciertas, ambos han tenido distintas oportunidades, han tenido un medio ambiente cultural distinto y tienen un distinto marco de contacto e información”.[4]
En síntesis, el llamado de monseñor Goic sí es válido desde la perspectiva económica, pues se enfoca en el elemento clave de toda economía: la persona humana; descartando tajantemente a “falsos dioses” como lo son el dinero y el afán de poder, ya que la economía y la política se diseñaron para satisfacer a la persona y no viceversa. Por lo mismo, el tema del sueldo ético o "salario justo" es una de tantas aristas que deben considerarse al buscar solución al problema de la justicia social. Cada uno, desde su perspectiva o disciplina es capaz de aportar algo; puesto que, según los postulados de la visión sistémica, la solución debe ser buscada en conjunto (una búsqueda multidisciplinaria). El tema del sueldo ético debe superar su etapa de discusión (o debate) para llegar a la etapa de aplicación en el sistema socio-económico.
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[1] Goic, Alejandro. “Sueldo Mínimo Debería Convertirse en Sueldo Ético”. Noticia publicada el 3 de Agosto del 2007 en http://www.emol.com/noticias/nacional/detalle/detallenoticias.asp?idnoticia=264674 y consultada el 30 de agosto del 2008.
[2] Goic, Alejandro. “Sueldo Ético vs Sueldo Mínimo”. Noticia publicada el 4 de agosto del 2007 en http://noticias.123.cl/entel123/html/Tele13/Noticias/Chile/311603.html y consultada el 30 de agosto del 2008.
[3] Richards, Howard. Debate publicado el 10 de marzo del 2008 en http://www.elquintoinfierno.cl/2008/03/10/el-debate-sobre-el-sueldo-etico-en-chile/ y consultado el 15 de septiembre del 2008.
[4] Eyzaguirre, Nicolás; ex_ministro de Hacienda (2000-2006). “Crecimiento y Equidad en Chile”, tertulia organizada por la fundación Un Techo para Chile. Santiago, 9 de mayo del 2007.
El concepto “Sueldo Ético” comenzó a popularizarse luego de los acontecimientos socio-políticos que se desarrollaron en Chile durante al año 2007; todo esto, difundido ampliamente por los medios de información (televisión, radio, prensa escrita). La primera vez que el debate se hizo consistente, fue durante el pronunciamiento de monseñor Alejandro Goic a raíz de las manifestaciones de los trabajadores sub-contratados de la empresa minera Codelco. La prensa escrita[1] lo relató así:
SANTIAGO.- El monseñor Alejandro Goic, quien se desenvolvió como mediador en el conflicto entre Codelco y los trabajadores subcontratados, manifestó que una de las causas por las que se llega a los conflictos son los bajos sueldos, ante lo cual señaló que “el sueldo mínimo debería ser transformado en un sueldo ético".Las declaraciones de monseñor Alejandro Goic causaron polémica en los sectores político, social y empresarial de Chile. Algunos políticos (como la senadora Evelyn Matthei) y cierto sector empresarial se mostraron escépticos a la sugerencia de monseñor Goic, argumentando los posibles costos negativos que pudieran generarse en las PyMEs (pequeñas y medianas empresas). Por otro lado, la gran mayoría de los partidos políticos (incluyendo al propio Gobierno) manifestaron estar a favor de la propuesta. En respuesta, la Presidenta Michelle Bachelet declaró: "Somos coincidentes con el planteamiento de la Iglesia, que un país que tiene mayor prosperidad, tiene que llegarle a todos (...) Si al país le va bien, le tiene que ir bien a cada uno de los trabajadores"[2]; luego, el 23 de agosto del 2007, la presidenta anunciaría la formación del Consejo Asesor para la Equidad Social con el eslogan "Hacia un Chile más Justo", con la propuesta de reformar el sistema laboral chileno para marzo de 2008 como plazo.
En conversación con Canal 13, el religioso agregó en relación a lo anterior que “en el sentido de que por lo menos todos los que puedan, no paguen el sueldo mínimo legal, sino que por lo menos 250 mil pesos. Eso sería un primer paso".
Asimismo, añadió que la idea es “ponerme en el lugar del más necesitado, y preguntarme si yo podría vivir con mi esposa y mi hijo, con 120 mil pesos. Yo no digo que todos vamos a ser iguales, porque eso es una utopía que no se puede dar, pero no cabe duda que hay grandes empresas que ganan mucho, ¿como no hacer participar mejor a sus trabajadores?, que son los que le ayudan a generar la riqueza para el país".
En el mismo sentido, manifestó que “no se puede repartir pobreza, el país tiene que seguir creciendo y por eso hay que tener mucho cuidado, en el sentido de no desincentivar a los empresarios a que produzcan, pero también que las ganancias puedan ser de alguna manera compartidas".
Para finalizar, el monseñor Goic expresó que “sin duda que los pobres, gracias a Dios, han disminuido en este país, pero disminuirían más si fuéramos capaces de compartir un poco más equitativamente las riquezas, que generan todos, y en ese sentido yo creo que esta es la etapa que viene, se consolidó la democracia, el país está creciendo y debe seguir creciendo, pero diferencias tan abismantes, ahí hay que dialogar", puntualizó.
La Polémica.
No debería causar sorpresa la polémica causada por las palabras del presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor Alejandro Goic, acerca del sueldo ético. A continuación se citan[3] los comentarios más significativos que aparecen en la prensa escrita acerca del debate originado durante esa semana:
" Yo creo que él (monseñor Goic) no tiene idea de economía y se está metiendo en cosas muy difíciles”. "Por lo menos él debiera meditar, conversar, madurar más su idea antes de largarla”. Agregó: "extiendo mis comentarios a todos los que estén pensando en un sueldo de ese tipo". (Evelyn Matthei, senadora. La Segunda, 7/ago/2007, pag22).
“Pedro Corona, timonel de la Cámara Nacional de Comercio, argumentó que la ética va unida a la productividad.” (El Mercurio, 8/ago/07, p. B1)
“El sueldo ético no debiese ser visto en ningún caso como un intento a la viabilidad de las empresas, sino como una aspiración de un país que busca mayores niveles de igualdad. El gobierno ve con buenos ojos que se paguen los mejores sueldos posibles, pero hay empresas que no están en condiciones de pagarlos.” (Alejando Ferreiro, Ministro de Economía. El Mercurio, 8/ago/07, p. B10)
“Hay un llamado a la conciencia, a ser más solidario, a poder universalizar las ganancias. Es un llamado a ser buen chileno.” (Zarko Luksic, Ministro de Trabajo. El Mercurio, 8/ago/07, p. B10)
“Sebastián Piñera pide hablar de ‘ingreso’ y no de ‘sueldo ético’. Ahora parte de la discusión se está enfocando al ingreso básico que debería percibir una familia más que restringirlo al salario mínimo. En el primer caso se incluye la asistencia estatal –bonos, pensiones, y subsidios en salud, educación y vivienda –para todos los miembros de un hogar; en el segundo, sólo el sueldo de un trabajador.” (El Mercurio, 8/ago/07, p. B10)
“Piñera asegura que los actuales ingresos por persona para medir la línea de la pobreza ($48,000 para las zonas urbanas y cerca de $30,000 en las zonas rurales) subestiman las verdaderas necesidades. Si recalculáramos la canasta básica, concluiríamos que ese monto debe superar los $60 mil por persona. En consecuencia una familia típica chilena de cuatro personas requeriría un ingreso mínimo familiar ético del orden de los $280 mil mensuales. ¿El costo estatal? US$ 1.000 millones anuales. Ello corresponde al 0,8% del PIB, menos del 20% del crecimiento de este año, menos del 5% del superávit fiscal previsto para 2007.´” (El Mercurio, 8/ago/07, p. B10)
“Que los empresarios que puedan pagar más lo hagan, que no se escondan en el sueldo mínimo para no pagar lo que en justicia pueden entregarles a los trabajadores. Cuesta pensar que las grandes empresas no pueden acercarse a esto y probablemente muchas de ellas ya lo hacen hoy.” (Hernán Larraín, Presidente UDI. El Mercurio, 8/ago/07, p. B10)
“Las empresas deben pagar lo que estimen conveniente y no forzarlas a pagar $250 mil (…) si por eso entendemos un “salario ético” terminaremos con un alza impresionante del desempleo. Pero se ha abierto la posibilidad de que el Estado complemente los salarios de mercado para llegar a ese ´salario ético´ y eso me parece una discusión valiosa. Si aumentamos en forma permanente el gasto del Estado, habría que discutir de qué impuesto saldría ese gasto. … Sería irresponsable gastar los excedentes del cobre en eso. Con el nivel de desarrollo en que estamos, en los próximos 10 ó 15 años la cargar tributaria debiera tender a subir.” (Eduardo Engel, economista, La Tercera 12/dic/07 p. 44)
“Un alza de los salarios que no responda a las condiciones reales de la economía y los niveles de productividad generaría más distorsiones que beneficios y terminaría agravando el panorama que se aspira mejorar.” (opinión editorial, La Tercera 12/dic/07 p. 3)
“Es evidente que el salario mínimo no es más que una referencia básica indispensable para el mercado del trabajo, pero las necesidades de subsistencia de un grupo familiar están por encima de esta cifra. Por ello, no solo respaldo el planteamiento del obispo, sino que creo que es necesario avanzar en medidas tendientes a acercarse al salario mínimo ético. Un buen comienzo sería, por ejemplo, precisar en el Código de Trabajo que el sueldo base del trabajador no puede ser inferior al ingreso mínimo, prohibiendo la práctica de establecer sueldos muy bajos y complementar la remuneración fundamentalmente en base a comisiones, lo que constituye un hecho habitual en los establecimientos del retail.” (Pedro Muñoz Aburto, presidente de la ‘Comisión Trabajo’ del Senado. Carta publicada en La Tercera 12/dic/07 p. 2)
“…el propio estado paga a algunos de sus funcionarios bastante menos que el sueldo ético. Según el dirigente de la Anef, Raúl de la Puente, un auxiliar del Estado gana por ley a $180 mil imponibles y $150 mil líquidos, poco más del sueldo mínimo de $144 mil.” (La Tercera 12/ago/07 p. 11)
“¡Cómo decían al Padre Hurtado en su época! ¡Comunista le decían! Ahora él es santo pero sufrió mucho. Es que el Evangelio es incómodo.” (monseñor Goic, citado en La Tercera 12/ago/07 p. 11)
“…el enfoque liberal de la economía ha resultado desastroso en la vida real.” (Alberto Hurtado, citado por monseñor Goic en La Tercera 12/ago/07 p. 11)
“Si se establece un piso para el salario ético, cualquier sueldo inferior pasa a ser anti-ético o inmoral, lo que pone a buena parte de las empresas por debajo de las líneas de flotación de la ética. Eso es un descriterio, porque en los mercados los precios no son ni justos ni injustos, ni morales ni inmorales.” (Héctor Soto en La Tercera 12/ago/07 p. 11)
“El salario mínimo no es la causa de la pobreza en Chile. En realidad es su más acabada expresión. En ese salario, en ese precio, está reflejada la terriblemente baja productividad de la mano de obra no calificada de nuestra economía (…) allí está inscrito el fracaso de una educación pública que va de mediocre a mala (…) allí resuenan las distorsiones de un mercado de trabajo superregulado; el cual genera además altos niveles de cesantía; casi siempre el empleador tiene alternativas de reemplazo de menor costo (…) es muy fácil constatar esa insuficiencia sin reconocer al mismo tiempo que ése es el verdadero pago de Chile, que ése es el precio que Chile como país atrasado y como sociedad injusta y desigual todavía está pagando por el subdesarrollo.” (Héctor Soto en La Tercera 12/ago/07 p. 11)
Análisis del Concepto.
De acuerdo al testimonio de la comunidad católica, se sabe que el neoliberalismo (considerando sus variadas formas y matices) ha sido constantemente rechazado por la Iglesia; a pesar de que ésta no es la única institución (o paradigma) que está de acuerdo en que una falsa libertad se transforma en libertinaje e injusticia. La propuesta de monseñor Goic es una advertencia para recordar una responsabilidad moral ineludible para los cristianos: el respeto por el prójimo (lo cual se refleja en justicia).
No obstante, la expresión "sueldo ético" carece de rigurosidad conceptual para un especialista en economía, por eso se prefiere hablar de “salario justo” cuya denominación es más susceptible de análisis. Tampoco es obligatorio que un sacerdote sea experto en temas de economía; aunque sí es necesario que un político tenga nociones de ética. La doctrina católica de Goic es el llamado que hace la ética para que los políticos se hagan partícipes de los procesos económicos en Chile. El debate se argumenta desde el rol de cada uno de los opinantes.
Muchos economistas, entre ellos Milton Friedman, demuestran teóricamente que el cuestionamiento moral es un obstáculo para la rentabilidad económica. Incluso, la ya descrita Teoría de la Conspiración hace ver que las más grandes empresas del mundo deben sus logros a la falta de ética y a la corrupción de los políticos.
Pero también hay que considerar lo que Adam Smith y David Ricardo (los fundadores de la ciencia económica) formularon en los conceptos de “precio” (el precio de mercado y el precio natural, aplicable a las mercancías, el trabajo y las utilidades). Por una parte, según David Ricardo, el precio de mercado para la mano de obra surge del juego natural de la proporción que existe entre la oferta y la demanda; por otra parte, el precio natural de la mano de obra, depende del precio de los alimentos, de los productos necesarios y de las comodidades para el sostén del trabajador y de sus familias. De lo anterior se puede concluir que el precio natural (de la mano de obra natural) es el concepto teórico equivalente al “sueldo ético” planteado por el monseñor Goic.
Técnicamente, subir el salario de la “masa” de trabajadores significa estar pendiente del riesgo de aumentar la inflación o la devaluación de la moneda. Al subir el salario, disminuyen las oportunidades de contratación o la creación de nuevos empleos; fomentando, por ende, la cesantía. Incluso, la experiencia neoliberal ha demostrado que producir a partir de “mano de obra barata” disminuye el precio y aumenta el consumo, resultando en ganancias para quienes administran la empresa.
Pues bien, según los distintos censos y encuestas, la mayoría de los trabajadores chilenos se considera cristiano (ya sea católico o protestante); lo que significa la adopción de cierto código moral enfocado en el amor a la divinidad y al prójimo que, a su vez, determina la actitud que el trabajador tendrá con el administrador de la empresa. Esto significa que, en ciertas ocasiones, el trabajador asume su sometimiento ante aquella divinidad personificada en “el patrón” (el jefe o administrador de la empresa); y así se da la pauta para que el administrador establezca el sueldo según conveniencia y el trabajador busque el sueldo según necesidad: “Quienes están más atrás en la línea de pobreza, miran a los de más adelante y piensan que es injusticia de la vida. Los que están más adelante piensan que es porque se lo merecen, porque fueron más productivos y más trabajadores. Ninguna de las dos cosas son ciertas, ambos han tenido distintas oportunidades, han tenido un medio ambiente cultural distinto y tienen un distinto marco de contacto e información”.[4]
En síntesis, el llamado de monseñor Goic sí es válido desde la perspectiva económica, pues se enfoca en el elemento clave de toda economía: la persona humana; descartando tajantemente a “falsos dioses” como lo son el dinero y el afán de poder, ya que la economía y la política se diseñaron para satisfacer a la persona y no viceversa. Por lo mismo, el tema del sueldo ético o "salario justo" es una de tantas aristas que deben considerarse al buscar solución al problema de la justicia social. Cada uno, desde su perspectiva o disciplina es capaz de aportar algo; puesto que, según los postulados de la visión sistémica, la solución debe ser buscada en conjunto (una búsqueda multidisciplinaria). El tema del sueldo ético debe superar su etapa de discusión (o debate) para llegar a la etapa de aplicación en el sistema socio-económico.
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[1] Goic, Alejandro. “Sueldo Mínimo Debería Convertirse en Sueldo Ético”. Noticia publicada el 3 de Agosto del 2007 en http://www.emol.com/noticias/nacional/detalle/detallenoticias.asp?idnoticia=264674 y consultada el 30 de agosto del 2008.
[2] Goic, Alejandro. “Sueldo Ético vs Sueldo Mínimo”. Noticia publicada el 4 de agosto del 2007 en http://noticias.123.cl/entel123/html/Tele13/Noticias/Chile/311603.html y consultada el 30 de agosto del 2008.
[3] Richards, Howard. Debate publicado el 10 de marzo del 2008 en http://www.elquintoinfierno.cl/2008/03/10/el-debate-sobre-el-sueldo-etico-en-chile/ y consultado el 15 de septiembre del 2008.
[4] Eyzaguirre, Nicolás; ex_ministro de Hacienda (2000-2006). “Crecimiento y Equidad en Chile”, tertulia organizada por la fundación Un Techo para Chile. Santiago, 9 de mayo del 2007.
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